Superabundancia o extinción?

20 mayo, 2015 Complementos

Una de las controversias más sostenidas en el tiempo entre ultra proteccionistas, conservacionistas, científicos y sectores agropecuarios, es logar el manejo adecuado de la fauna silvestre que contemple los intereses de todos. Desde los primeros, que con anteojeras defienden a ultranza toda vida silvestre, hasta los últimos que no vacilan en sostener que cualquier animal que atente contra sus intereses, desde la isoca hasta el ciervo y el jabalí entre otros, deben ser considerados plaga, y en ese marco, eliminados de la faz de la tierra.

Por insensato que parezca, esta apocalipsis faunística ya ha ocurrido y no pocas veces: en nuestro país, hasta la década de 1940, antílopes, jabalíes y ciervos fueron declarados por la Nación alimañas atentatorias contra los intereses del campo, y por lo tanto no solamente se los podía exterminar sino que en muchos casos, algunos Estados provinciales pagaban en efectivo y con dineros públicos los despojos que probaran la muerte. En el oeste pampeano se capturaron vizcachas con el fin de inocularlas con mixomatosis, un virus que produce la muerte de cualquier roedor en menos de quince días. Los animales inyectados se contagiaron entre ellos logrando que la población descendiera hasta límites alarmantes. Con medios y resultados similares se atacó al conejo silvestre en las inmediaciones de Aluminé, Pcia. del Neuquén. caza peligrosa 9 Se han utilizado y utilizan cebos tóxicos (granos envenenados) para combatir palomas, loros y avutardas, en lugar de ser controladas por la caza deportiva y/o comercial. Estos cebos han provocado la muerte de millones  de aves y pequeños omnívoros indispensables como parte del equilibro de la naturaleza. Se fumiga indiscriminadamente sin dejar rincón del suelo protegido (un metro a cada lado del alambrado, manchas semi boscosas, pequeños pastizales donde puedan guarecerse y reproducirse son exigencias obligatorias en los países desarrollados), lo que ha diezmado perdices, libres, mulitas etc.

Lo expuesto viene a cuento a raíz de una nota aparecida en uno de los principales diarios del mundo, el New York Times, que alerta sobre lo que acontece con el guanaco en el sur chileno. Los gringos que tanto criticamos, tienen que ser quienes se ocupen de una especie que le es ajena, mientras nosotros miramos al costado…

Según el medio gráfico, los cazadores recorren el extremo sur de Chile, en las inmediaciones de Cerro Sombrero, disparando a discreción sobre los guanacos. “ … El primo salvaje del camello y la llama, ha sido prácticamente exterminado en muchas regiones donde eran abundantes… pero esta cacería sudamericana absolutamente legal del camélido americano, desata un acalorado debate  sobre la frágil existencia de una especie nativa, y la influencia de los poderosos intereses agropecuarios, quienes sostienen que su presencia compite con las ovejas y perjudica a las madereras… Somos testigos de una grotesca subordinación a los hombres de negocios que lo ven como una molestia desechable… Por su parte, los ganaderos y agricultores dicen ser víctimas de políticas que posibilitaron el aumento anárquico de las manadas, que hasta el año 1970 se contabilizaban por cientos y en la actualidad, solo en la parte chilena de la Isla de Tierra del Fuego, habitan más de 150.000… Una ofensiva del dictador chileno Augusto Pinochet, contra la propiedad de armas de fuego abrió el camino para la explosión demográfica de los animales…” cazamenor

Vale acotar que, cuando disponían de ellas, los campesinos mantenían un equilibrio sustentable.

Sigue el New Yor Times: “… los guanacos alguna vez sumaron más de 50 millones de ejemplares en Sudamérica, aunque a medida que se difundió la cría del ganado ovino – exótico – el número se desplomó hasta los actuales 500.000…

Esto da la razón a los cazadores deportivos cuando sostenemos que solo la caza con armas garantiza la selectividad cuanti y cualitativa, y asegura que las especies no desborden entrando en pugna con la sociedad. Y lo confirman las autoridades chilenas cuando dicen “… que la caza debe autorizarse para mantener una población sostenible…”