Llorar sobre la leche derramada

21 mayo, 2015 Políticas de Caza

Hace poco tiempo me hice eco de un serio problema expuesto  en las páginas del diario Clarín, referido a la proliferación incontrolada de las palomas – y otros animalitos – en nuestra ciudad capital y otras del interior.  En aquella oportunidad, puse en evidencia el nefasto comportamiento de algunas asociaciones proteccionistas impermeables a la realidad y aferradas a cánones arcaicos,  que lejos de aceptar los resultados de investigaciones científicas que aconsejan el control sanitario de especies convertidas en plagas, se obstinan en sostener rancias pautas basadas en la sensiblería por sobre la razón.

Nuevamente, en otras latitudes, la prensa ha reflejado un desborde similar, esta vez en Londres, pleno corazón de Gran Bretaña. Así presenta el New York Times lo acontecido en una de las metrópolis más desarrolladas, que sufre – increíblemente – un azote que ha escapado al control de las autoridades que debían velar para que no ocurra. Nada mejor que el relato textual de los acontecimientos para alertar a los desinformados y respaldar a quienes han tomado el camino correcto.  llorar sobre la leche

“… el franco tirador llegó al atardecer provisto de binoculares infrarrojos y un silenciador para armas de fuego. Luego montó su rifle calibre .22, se ubicó tras la ventana trasera de una vieja casa victoriana, y desde una ventana apuntó el cañón hacia el rincón más lejano de jardín. Tomó menos de una hora la espera. Una sombra furtiva salió arrastrándose en la oscuridad, sonó un chasquido y el objeto colapsó en un bulto inerte de pelaje anaranjado.

“Este bebé vuelve a anotar”, exclamó el tirados dando palmadas a la culata de su rifle. Luego se volvió hacia su cliente, una mujer de 37 años madre de dos hijos pequeños, que respiró aliviada y abonó por sus servicios.

Gran Bretaña tiene la densidad más alta del mundo de zorros urbanos, resultado de una colonización a la que desde hace medio siglo no se ha prestado atención. Ahora en la Capital del ex imperio hay más zorros que micros de dos pisos: aproximadamente 10.000 que vagan por las calles y jardines destruyendo bulbos de plantas, hurgando y desparramando la basura y atacando mascotas y personas. Inclusive sus fechorías llegaron al zoológico central donde mataron pingüinos, flamencos y hasta le arrancaron un dedo a un bebé. “Pueden parecer tiernos y adorables, pero también son una amenaza para nuestras ciudades” afirmó Boris Johnson, alcalde la metrópolis, que sufrió en carne propia las tropelías de los cánidos: le mataron su propio gato. “Si hubiera tenido un  rifle, no hubiera vacilado en dispararles”, aseguró. llorar halcon xx 2

El tema despierta grandes controversias en un país que inventó la cacería del zorro en el siglo XVIII, pero detenta también la más antigua tradición defendiendo los derechos de los animales. La Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales fue fundada en 1824, nueve años antes de la abolición de la esclavitud… Todo un ejemplo: primero los animales, después los negros.

Clare, una abogada con tres hijos que también sufría a estos predadores en su jardín, no dudó en dispararles para protegerse, aunque pidió que no se mencionara su nombre por temor a las represalias de los que defienden su protección desde el fundamentalismo. En Londres es legal dispar a los zorros.”Phil, un plomero de 63 años de edad decidió hacerlo por primera vez hace 30 años, cuando un zorro le arrancó la cabeza al conejillo de Indias de su hija y mató a dos perros salchichas de su vecino y amigo.” A partir de ahí fue una bola nieve” indicó. Inauguró un servicio para clientes selectos: clubes de tenis y golf, escuelas, granjas urbanas y familias con niños pequeños o mascotas. Cobra 75 libras (120 dólares) por el primer zorro abatido y 50 libras por cada adicional.

Por otra parte, y mostrando una conducta diametralmente opuesta, algunos londinenses les proporcionan alimentos o colocan cámaras para fotografía en sus jardines a fin de captar imágenes que luego suben on line. Páginas de Facebook como Urban Fox Defenders (defensores de los zorros urbanos) tienen miles de “likes”. También Stefen Harris, de la Universidad de Bristol, culpa al periodismo por hacer creer a la gente que los zorros han llegado al tamaño de un  perro Pastor Alemán, y que las cifras que exponen están fuera de control. Eso a pesar que él mismo ha escrito en The Guardian  en 1973, que “a la larga algún zorro mataría un bebé”. Paradójicamente, el mismo día que el plomero Phil apuntaba su rifle en el jardín, Sandra Reddy y Terry Woods cuidaban a tres zorros heridos en un refugio en las afueras de Londres: “ Matar animales es cruel” afirmaron.

En el momento en que las gemelas Lola e Isabella Koupparis, de 9 meses de edad fueron hospitalizadas con serias lesiones en la cara y los brazos cuando un zorro ingresó a su habitación, su madre recibió varias amenazas anónimas para que no tome represalias, debiendo solicitar protección policial.

Los últimos estudios efectuados por los especialistas, lejos de presiones en ambos sentidos, sostienen que para estabilizar el grave problema es necesario abatir no menos que el 70% de la población de zorros cada año.

Como siempre he sostenido, si hace 50 años se hubiera habilitado una temporada de caza sustentable, el número de malhechores se hubiera mantenido en cifras razonables, sin exterminar a la especie ni sobreprotegerla.