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Consideraciones para quienes aman a los animales

              
                                                     

En primer lugar descarto sinceramente cualquier intención de agravio hacia quienes hacen circular sus videos, fotos, reflexiones, etc., acerca de la fauna silvestre, pretendiendo demostrar sensibilidad y amor para con esos seres erróneamente considerados carentes de inteligencia.

No comparto la muerte innecesaria de ningún animal, aunque sostenerlo desde mi condición de cazador deportivo implique un aparente contrasentido.
He destacado en mis libros y ensayos publicados en los principales medios del país y del exterior, en los programas radiales y televisivos y en las numerosas conferencias en clubes, facultades, congresos y escuelas, la importancia y vigencia de la actividad venatoria para la preservación de la fauna silvestre.
Y algo de razón debí tener a lo largo de estas décadas, cuando la UNION INTERNACONAL PARA LA CONSERVACION DE LA NATURALEZA, entidad que asocia a más de 200 países interesados en preservar a la naturaleza viviente, ha dictaminado, – al fin --  que  “…la proliferación incontrolada de las especies atenta contra las propias especies y contra el medio ambiente, por lo que se debe permitir la caza…”.
Es de esperar que los encarnizados enemigos de nuestro deporte, los que alguna vez nos tildaron de asesinos sedientos de sangre, tengan la hidalguía de reconocer, aceptar y apoyar esta resolución surgida del seno de la entidad rectora más importante del mundo.

Sirva el introito para pasar al objeto de estas consideraciones.

Quién es su sano juicio puede no sentirse enternecido por la imagen de un osezno polar, el cervatillo retozando en el bosque, una paloma recortada en el cielo o la estampa imponente de un elefante barritando en la selva africana?
Sin embargo nosotros tenemos el deber, hoy, de salvar lo que se pueda de la hecatombe que amenaza a estos y otros animales
El manejo de la fauna silvestre no puede sustentarse en el mayor o menor sentimentalismo de los que deben asumir la responsabilidad de manejar su futuro.
Si realmente amamos a los animales silvestres debemos despojarnos voluntariamente de cualquier prejuicio.
Y la natural inclinación a protegerlos es uno de ellos, si no el principal.
No es importante apegarse tozudamente a convicciones cimentadas a los largo de toda una vida, ni permitir, por cierto, que los niños y adolescentes transiten el camino hacia la adultez condicionados por los mismos errores que sostuvieron sus mayores, como queda demostrado a través de la RESOLUCION mencionada.
No olvidemos que ellos serán, mañana, quienes deban tomar la posta para continuar la tarea.
No he leído ni oído declaración algunas de las asociaciones que tanto condenaban a la caza, admitir el dictamen, y menos ponderarlo aceptando – por lo menos -- las nuevas circunstancias. 
La caza por el rifle sanitario o la caza deportiva son nuevas herramientas, y solo eso, para conservar a las especies, y este hecho novísimo se debe pregonar  para formar nueva conciencia ecológica, basadas en la realidad y no en la subjetividad pueril y sensiblera.
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Quienes asesoraron a la UNION no se basaron en el snobismo o la moda verde, sino en profundos y arduos estudios efectuados por los más destacados científicos del mundo.
Y no creo que puedan ser sospechados de parciales o proclives a la caza.
Me animo a calificar el manejo de la naturaleza y el medio ambiente como altamente prioritario durante los próximos mil años.
Y en este asunto capital, no tenemos derecho ni a ocultar ni a tergiversar la realidad, por el viejo axioma que sostiene que la verdad a medias es una mentira.
Debemos comprender la diferencia entre exterminarlo y control.
También advertir a los jóvenes que mientras no se adecue su número a los cupos que los científicos determinen, están condenados IRREMEDIABLEMENTE a desaparecer, y con ellos el bosque proveedor de los herbívoros y la fauna menor que alimenta a los carnívoros.
Una mirada miope de los mayores sobre este asunto determinará que un joven jamás comprenda que algún día, ese minúsculo y blanco pompón será un adulto y se convertirá en árbitro del equilibrio natural de una región como el Artico, en altísimo riesgo biológico.

La protección indiscriminada de esta especie,  que es solo un ejemplo aplicable a muchas otras  – y empleo la palabra protección y no conservación, la condujo a una proliferación inarmónica con el medio, que ha puesto en serio peligro a otras, como las focas, morsas, y diversos peces y mamíferos marinos en vías de extinción.
Por eso las entidades conservacionistas han tomado distancia de los retrógrados proteccionistas que no aceptan la muerte de un animal como dogma inviolable, una teoría antidiluviana que no condice con el mundo moderno y sus problemas, deseados o no.
No se puede permitir a esta familia de úrsidos atentar contra las especies mencionadas, ya que su desaparición – lisa y llanamente -- implica también la de los osos por inanición.
Asi de simple.
Esto no implica exterminar a todos los osos polares, ni mucho menos. Simplemente aceptar que el planeta tierra ya no soporta – y para siempre – la reproducción anárquica de ninguna especie, y la única solución es que el hombre asuma el control científico del número de ejemplares.

El ciervo, tan bello como voraz, ha entrado en colisión con los ecosistemas, entendiendo como tales a la “melange” de personas y animales que compiten a cada instante por la subsistencia, y ya sabemos quien es  -- siempre – el ganador en la pugna.
Muchos productores de alimentos orgánicos, urgidos por la sociedad o sus bolsillos para no  interrumpir el abastecimiento, no vacilan en  exterminarlos cuando comprueban que sus sembrados peligran.

Las palomas, las cotorras y los patos, entre otras, causan pérdidas multimillonarias en las cosechas de granos que países como Biafra y tantos otros podrían recibir para mitigar su hambre. Millones de toneladas de maiz, trigo, girasol, sorgo, etc., se convierten en comida de las aves que han visto su habitat natural asaltado por el hombre. Si no se las controla eliminando excedentes, deberemos resignaros a pensar en una alimentación distinta a mediano plazo. Píldoras de comida sintética, tal vez ?

El elefante africano, que hace pocos siglos –  apenas un instante histórico – disponía de todo un continente para sus migraciones. Podía, entonces, depredar bosques enteros que hallaba recompuestos a su regreso secular. Hoy se halla acotado por la explosión demográfica, caminos, puentes, represas, lagos artificiales y ciudades. Hemos talado sus bosques y alterado su tranquilidad, pero pocos comprenden que para que unos pocos subsistan para siempre es menester abatir sin misericordia a los que exceden la capacidad alimentaria del suelo que pisan. O permitiremos que TODOS sucumban junto con el bosque?
A esta altura, advierto a los desprevenidos o mal informados, que el trillado argumento de trasladar a los excedentes en lugar de matarlos, no resiste el menor análisis científico, ya que significa exportar problemas faunísticos, alimentarios, sanitarios, sociales, etc. hacia otras áreas o regiones.  

Como vemos, y sin lugar a dudas, los animales silvestres no pueden quedar librados a su suerte, y el hombre moderno debe intervenir para evitar su fatal destino.
Si países como China y la India deben controlar la natalidad ante sus terribles hambrunas, es lógico, necesario e imprescindible que se tomen medidas similares con la fauna silvestre.
Y fue precisamente la UNION INTERNACIONAL citada, la que comprendió esa necesidad, blanqueando los argumentos  que los cazadores deportivos pregonamos desde hace décadas.
El equilibrio natural alterado por el hombre se mantiene, paradójicamente, utilizando el rifle, único medio SELECTIVO que dirige su acción hacia los ejemplares que los científicos determinan.
De la única forma en que las mujeres, hombres y niños del mundo podremos continuar  admirando y gozando de la presencia salvaje, es preservar SOLAMENTE la cantidad de ejemplares que la naturaleza más o menos virgen puede sustentar.
El excedente debe eliminarse a través de los cazadores o el de los guarda fauna, que en este preciso momento y en algún lugar del globo están diezmando elefantes, palomas, antílopes, cocodrilos, osos, etc.etc.

Me parece perfecto el envío de mails, fotos, videos, etc., mostrando bellas imágenes silvestres que todos admiramos.
Pero debemos ser crudamente sinceros, evitando el mensaje erróneo que induzca a los jóvenes a pensar que matar un animal es pecado, asesinato o crueldad.
Debemos exhibir la honestidad intelectual suficiente para que nuestros hijos comprendan desde muy pequeños que la fauna en libertad debe – imprescindiblemente – ser acotada y limitada, caso contrario seremos cómplices de su condena a muerte.
 Y ello solo se logrará adjuntando a las imágenes un comentario que alerte acerca de estas consideraciones.
Esa es la verdadera realidad de nuestros animales salvajes: peligran si solo los protegemos en lugar de CONSERVARLOS

Debemos despojarnos de todos lo vicios de la hipocresía. Y esconder la realidad es uno de ellos.
Ocultar que alargamos a diario la agonía de millones de animales extrayéndoles hasta la última gota de sangre para elaborar chacinados; ignorar que pollos y gallinas son obligadas a nacer y morir sin cerrar jamás sus ojos, torturados por la luz eterna que los induce a alimentarse las 24 horas; esquilar a las ovejas con la filosa cuchilla; condenar a los vacunos al estrecho brete a fin lograr un mejor y más rápido engorde; cebar a los pavos obligándolos a engullir hasta que su hígado estalla, con el fin de producir el mejor paté; extraer millones de toneladas de peces que aguardan en cubierta ser arrojados – muertos --  al mar si el precio del puerto no es satisfactorio; cortar los testículos de los terneros para acelerar su desarrollo carneo; castrar miles de gatos y perros para que sus dueños “disfruten” de un animal más dócil, son algunas de las hipocresías que padecemos, aún en el momento de enviar el conmovedor correo que certifica nuestra sensibilidad.
Dejará de comer el suculento asado? El pollo a las brasas? El rojo salmón glassé? El paté ¿ O dejará de usar prendas de lana ?
No lo creo, sinceramente.

Hagamos un clic en la honestidad intelectual, si la tiene, preparando a nuestros jóvenes para la tarea que les aguarda: más tarde a más temprano, empuñando un rifle o aportando con sus impuestos para que otro lo haga, deberá colaborar para conservar de la única manera posible a la naturaleza silvestre.

Por nuestra parte, los cazadores deportivos y algunos empresarios, hemos iniciado en nuestro país uno de los caminos idóneos que funcionan en muchas partes del mundo: el coto de caza.
Esa actividad que convenientemente desarrollada se ha convertido en una fuente alternativa de ganancias, induce a preservar a los animales salvajes, aún aceptando las pérdidas que ocasionan en la agricultura y la ganadería.

Imaginación, agilidad empresarial y conciencia ciudadana, deben unirse para la gigantesca tarea.